El hogar como «zona cero» de la violencia: la FELGTBI+ denuncia el desamparo de las mujeres LTBI+
La familia es uno de los principales focos de violencia, rechazo y discriminación contra las mujeres lesbianas, trans, bisexuales e intersexuales (LTBI+). Las agresiones pueden comenzar durante la infancia, con golpes, humillaciones, amenazas y presiones para ocultar la orientación sexual o la identidad de género, y prolongarse durante toda la vida. Así lo denuncia la Federación Estatal LGTBI+ a partir de un estudio elaborado junto al grupo de investigación DiViSAR de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), que sitúa a la familia de origen como la principal «zona cero» de estas violencias.
La investigación identifica la familia de origen como el principal ámbito de estas violencias. A diferencia de las agresiones en espacios públicos, que suelen producirse de manera episódica, el maltrato familiar puede ser constante y cotidiano. Los mecanismos de violencia buscan imponer los roles tradicionales de género y castigar a quienes cuestionan las expectativas sociales sobre cómo debe comportarse, relacionarse o identificarse una mujer.
Las agresiones incluyen golpes y palizas, discursos de rechazo, humillaciones, exigencias de ocultar la orientación sexual o la identidad de género y amenazas de revelar públicamente la condición LTBI+ de las víctimas. También se documentan violaciones correctivas, negación de la propia identidad y control de los sentimientos y de la apariencia física.
La presidenta de la FELGTBI+, Paula Iglesias, considera «devastador que los espacios y las personas que deberían garantizar el cuidado y la seguridad sean quienes ejercen la violencia». Además, advierte de que muchas víctimas pueden quedarse sin un hogar seguro al que regresar cuando llegan a la edad adulta, lo que agrava su vulnerabilidad ante otras situaciones de discriminación.
Tres círculos de violencia y desprotección
El informe distingue tres ámbitos en los que se reproduce esta violencia. El círculo íntimo comprende las agresiones ejercidas por familiares y parejas; el comunitario incluye la exclusión y la falta de espacios seguros en centros educativos, lugares de trabajo y otros entornos sociales; y el institucional recoge los prejuicios médicos, la falta de protección y las respuestas que pueden revictimizar a quienes denuncian.
Las consecuencias afectan tanto a la salud física como a la emocional. El miedo, la vergüenza y la hipervigilancia pueden derivar en ansiedad e inseguridad, además de problemas gastrointestinales, contracturas y dolores crónicos. El estudio también advierte de que estas experiencias pueden dificultar la confianza en los profesionales sanitarios y, por tanto, el acceso a diagnósticos y tratamientos adecuados.
Ante esta realidad, la FELGTBI+ reclama protocolos específicos de prevención y atención, así como respuestas institucionales capaces de reconocer las distintas experiencias de las mujeres LTBI+. La organización insiste en que no basta con combatir la violencia machista desde una perspectiva general: es necesario incorporar la LGTBIfobia y las formas específicas de discriminación que atraviesan sus vidas.
