Yannick Nézet-Séguin revolucionó el Concierto de Año Nuevo reivindicando a las mujeres compositoras y visibilizando los derechos LGTBIQ+
Yannick Nézet-Séguin ha revolucionado el tradicional Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena. Ayer hizo saltar por los aires el protocolo de casi un siglo para servir como punto de inflexión en la historia de la institución. Bajo su batuta, el espectáculo que se remonta a 1939 y que una vez sirvió de escenario para la propaganda nazi ha hecho de su última edición una reivindicación de la visibilidad queer y del trabajo de las mujeres compositoras. Supone una auténtica novedad en un espacio que nunca ve alterada su tradición y que acostumbra a representar el ámbito más purista de la música clásica.
Nézet-Séguin se ha convertido en el primer maestro que se pasea por la Sala Dorada del Musikverein para dirigir entre el público. A sus 50 años, se ha divertido como nadie poniendo patas arriba uno de los eventos culturales más potentes del planeta. Jamás había habido un director abiertamente gay a la batuta, jamás un director había abandonado el podio para acercarse a la audiencia durante el concierto ni jamás había sonado tantas piezas de mujeres. El canadiense ha decidido alterar las reglas del juego ante 50 millones de espectadores de todo el mundo y en un país en el que ganó la ultraderecha en sus últimas elecciones.
Visibilidad LGTBIQ+
Si hay quien se pregunta si la música clásica camina de la mano de los cambios sociales, que han hecho del planeta un lugar mejor en los tiempos recientes, Yannick Nézet-Séguin ha demostrado que hay motivos para pensar que sí. El arte no puede ser ajeno ni a la política ni a los problemas de los ciudadanos, y a menudo se critica que la música clásica siga identificándose con un ambiente rancio en el que predomina el tradicionalismo. El Concierto de Año Nuevo es un ejemplo, pues nunca ha estado dirigido por una mujer en sus 87 años de historia, pero está surgiendo una generación de directores que se ha propuesto que los valores de la diversidad empiecen a tener cabida.
Nézet-Séguin pertenece a este grupo de directores comprometidos que no esconde su relación con el violista Pierre Tourville, con quien está casado. Ambos son referentes en un sector de la industria musical en el que no es común que haya figuras LGTBIQ+ que se identifiquen públicamente como tal. Yannick Nézet-Séguin no tiene miedo a hacerlo y, durante la emblemática Marcha Radetzky del final, se acercó a darle un beso en el cuello a Tourville mientras tocaba.
Esta no es la primera vez que Nézet-Séguin ha pretendido ser activo con temas políticos y sociales, pues apoyó a la demócrata Kamala Harris durante la campaña electoral de las elecciones presidenciales de EEUU, que finalmente dio la victoria a Donald Trump. “El mundo nos observa: ¡hagan oír su voz y voten!”, escribió el músico en redes sociales. Además, el ganador de hasta cinco premios Grammy se ha solidarizado con Ucrania durante sus recitales en la Ópera Metropolitana y recibió el galardón Laurent-McCutcheon Award de la Fondation Émergence por haber defendido los derechos LGTBIQ+.
Reivindicación de la mujer
“La música puede unirnos a todos porque vivimos en el mismo planeta”, declaró el también director de la Ópera Metropolitana de Nueva York durante sus breves palabras de apertura, deseando “paz en los corazones y, sobre todo, paz en todas las naciones del mundo”. El concierto, que no abandonó el protagonismo usual de la dinastía Strauss, incorporó cinco obras inéditas, entre las que destacan dos de compositoras. Una de ellas es Vals del arcoíris de la afroamericana Florence Price (1887-1953), cuyas sinfonías, además, ha grabado con la Orquesta de Filadelfia, rescatando así su legado.
La otra pieza femenina que se escuchó en el recital pertenece a la austriaca Josephine Weinlich (1848-1887), titulada Canciones de sirenas, que lanza un mensaje de empoderamiento que no parece haber sido casualidad en la elección de Yannick Nézet-Séguin para incluirla. Asimismo, Weinlich fue una compositora y directora pionera que fundó en 1875 la primera orquesta de mujeres de Europa. Ya el año pasado sonó Ferdinandus-Walzer, de la austríaca Constanze Geiger (1835-1890), cuando por primera vez se incluyó la obra de una mujer en el Concierto de Año Nuevo.
Un pasado vinculado al fascismo
El tradicional Concierto de Año Nuevo a manos de la Filarmónica de Viena nació en la Alemania nazi. Viena, la capital austriaca, se había convertido en la ciudad más fanática del Tercer Reich, una admiración hacia Hitler que se extendió a la música. En total, 60 de los 123 músicos de la Orquesta Filarmónica de Viena eran miembros afiliados al partido nazi, un porcentaje mucho mayor que el de la población austriaca en general. La dirección de la orquesta despidió a todos los músicos con vinculaciones judías y seis murieron en campos de concentración.









