Aaron Lee, el violinista que convirtió su historia de resiliencia en una obra de teatro
Aaron Lee nació en Chamberí, Madrid, en el seno de una familia religiosa de origen Coreano. De madre pianista y padre director de orquesta el pequeño Aaron se sentó al piano por primera vez con tan solo cuatro años. Aunque con nueve decidió cambiarse al violín. Instrumento que lo ha visto crecer y lo ha acompañado en todas sus hazañas. El artista fue el más joven en entrar en la Orquesta Nacional de España, pero no fue nada fácil llegar hasta ahí. Su orientación sexual convirtió su adolescencia en un infierno.
Tenía 17 años cuando habló a su familia de su homosexualidad. Entró en un ciclo de maltratos y vejaciones que culminó cuando su padre, con la excusa de premiarlo con la posibilidad de perfeccionar su talento musical en Corea, se lo llevó a Ulleungdo, una isla situada en el mar de Japón. Allí fue literalmente secuestrado: fue despojado de su dinero, pasaporte y móvil y encerrado en un pequeño cuarto de una iglesia para iniciar una terapia de ‘reconversión’.
«Mi salida del armario a los 17 años. Yo pensaba que mis padres lo sabían, pero resultó que no se lo esperaban o preferían negarlo y eso supuso un antes y un después en la vida familiar. No lo aceptaron, no pudieron comprender la situación y decidieron tomar cartas en el asunto porque era una cuestión del alma de su hijo. Me llevaron a diferentes terapias de conversión. E incluso decidieron encerarme una iglesia en una isla en la otra parte del mundo a ver si así cambiaba«, explica el violinista.
Ulleungdo
Su padre, decidido a ocultar “la vergüenza”, inició terapias dentro de la iglesia, aunque actuó con cautela para evitar que trascendiera que su hijo era homosexual. Hubo castigos, amenazas y una repetida advertencia de que ese pecado podía arruinar a toda la familia. Su madre, en silencio, fue cómplice del proceso. “Vio todo, estuvo presente, pero no actuó. Fue testigo y colaboradora necesaria para que todo llegase a ocurrir”, relata Lee.
Al ver que su hijo no modificaba su “actitud”, su padre lo llevó a Ulleungdo, una isla remota en el mar de Japón, con la excusa de perfeccionar su formación musical. Toda la familia se mudó, sin pasaje de vuelta, a ese destino ubicado a más de 10.000 kilómetros de su hogar.
«Mi padre alertó que yo tenía una enfermedad mortal, de pecado, y que necesitaban de la colaboración de todos los feligreses para ayudar a curarme«, contó.
Lee fue encerrado en una habitación de menos de dos metros, sin ventanas, dinero, pasaporte ni teléfono. Durante todo el verano de 2005, quedó aislado del mundo y fue obligado a participar en ritos religiosos, sin contacto con nadie más que los miembros de la iglesia.
Tras algún intento fallido de huir de la isla, optó por interpretar el papel ellos esperaban. Hasta que sus padres descubrieron que todo era una farsa y lo echaron de la casa.
Comenzar desde cero
Entonces, con los pocos ahorros que tenía, regresó a España, sin nada. «Fue un momento muy duro, porque mis pilares me soltaron la mano«, afirma con el dolor ya superado. La música, que siempre lo había acompañado, fue su salvación. Durante un tiempo, tocó el violín en la calle y en el metro para comer. Logró ingresar a la Orquesta Nacional de España, donde, con solo 20 años, se convirtió en el profesor más joven de la institución.
La necesidad de darle un sentido al dolor que todavía le pesaba lo llevó a publicar en 2020 su libro llamado «Yo soy lo que soy«, ahora convertido en obra de teatro, una autobiografía en la que narra sin filtros el infierno que vivió por el simple hecho de ser él mismo.










