Es la primera vez en los 36 años de historia de Atlantis que un crucero no puede atracar por el perfil de sus pasajeros
Turquía ha vetado la escala de un crucero con unos 2.000 pasajeros del colectivo LGTBIQ+ a bordo, una decisión que ha provocado una fuerte polémica internacional por su carácter abiertamente discriminatorio. El barco, el Scarlet Lady de Virgin Voyages, tenía previsto atracar este 7 de julio en el puerto de Kuşadası, en la costa occidental turca, dentro de un viaje de diez días organizado por Atlantis, una compañía estadounidense especializada en cruceros y vacaciones para personas LGTBIQ+.
El viaje había zarpado de Atenas el pasado 5 de julio y se presentaba como un “viaje épico exclusivamente gay”. Entre las personas invitadas figuraba la reconocida artista de Broadway Patti LuPone, de 77 años, que tenía previsto actuar a bordo durante la travesía. Tras la parada en Kuşadası, el itinerario contemplaba continuar hacia Estambul, pero las autoridades turcas frustraron finalmente esa escala.
Las autoridades de la provincia de Aydin, donde se encuentra Kuşadası, han comunicado la prohibición mediante un mensaje publicado en internet. En él, justificaban la cancelación asegurando que el crucero había sido fletado por “grupos conocidos por comportamientos que no se ajustan a la estructura de nuestra sociedad ni a nuestros valores morales”. El texto añadía que la llegada del barco había generado “gran preocupación pública” y zanjaba la cuestión con una afirmación contundente: “No existe absolutamente ninguna posibilidad de que el grupo en cuestión visite nuestra provincia para un evento de esta naturaleza”.
Grave precedente
La reacción de Atlantis no tardó en llegar. Rich Campbell, presidente y director ejecutivo de la compañía, explicó que la empresa había hecho escala en Estambul y Kuşadası hasta en 13 ocasiones durante los últimos 25 años, sin incidentes de este tipo. Según relató a distintos medios estadounidenses, esta es la primera vez en los 36 años de historia de Atlantis que se le comunica de forma explícita que un barco no puede atracar en un puerto por el perfil de sus pasajeros. “La razón es que se trata de un grupo gay”, lamentó, visiblemente conmocionado por una decisión que considera un grave precedente.
Campbell también subrayó que el crucero no era ninguna protesta ni un acto político, sino un viaje turístico programado desde hacía un año. “Cuando llegamos al puerto, el barco parece uno más. No somos una manifestación del orgullo gay, ni una marcha, ni una organización, ni una declaración política de ningún tipo”, declaró. El responsable de Atlantis aseguró además que la compañía intentó sin éxito revertir la decisión y que incluso se produjeron llamadas a la Embajada de Estados Unidos en Turquía para tratar de desbloquear la escala.
La artista Patti LuPone también alzó la voz tras conocerse el veto. La intérprete, ganadora del premio Tony, ha expresado en Instagram su indignación por lo ocurrido y ha denunciado que el crucero había sido excluido “simplemente por quiénes van a bordo”. “Estoy furiosa, pero seguiré navegando, ya que el barco hará escala en otros puertos. Estoy lista para actuar para todos los maravillosos hombres de este crucero Atlantis, que se merecen mucho más que esto”, escribió, en un mensaje que se ha difundido ampliamente en redes sociales.
Nueva ruta
Tras la negativa de Turquía, el Scarlet Lady modificará su itinerario y hará escala en otros destinos, entre ellos El Cairo y Creta, en lugar de Kuşadası y, previsiblemente, de la parada prevista en territorio turco. Por el momento, el Gobierno de Recep Tayyip Erdoğan no se ha pronunciado públicamente sobre la decisión, aunque el comunicado de las autoridades locales deja poco margen para la duda sobre el motivo del veto: la orientación sexual real o atribuida de una parte significativa de sus pasajeros.
Aunque la homosexualidad no está penalizada en Turquía, las organizaciones de derechos humanos llevan años alertando del deterioro del clima para las personas LGTBIQ+ en el país. El presidente Recep Tayyip Erdoğan ha utilizado en numerosas ocasiones un discurso abiertamente hostil contra el colectivo y lo ha llegado a presentar como una amenaza para la familia tradicional. En este contexto, el veto al crucero no aparece como un hecho aislado, sino como un nuevo episodio de la ofensiva política y simbólica del Gobierno turco contra la diversidad sexual, en un país marcado por una creciente homofobia institucional.







