¡Vergüenza ajena!

¡Vergüenza ajena!

EDITORIAL.-  Hace un par de días informábamos de la iniciativa llevada a cabo por Benedict  Cumberbatch y Stephen Fry de dirigir una carta abierta al gobierno presidido por David Cameron, donde hacían mención de los duques de Cambridge, William y Kate. Os ampliamos aquí el fragmento,   «Las leyes homofóbicas del Reino Unido hicieron intolerable la vida de generaciones de hombres homosexuales y bisexuales. Hacemos un llamamiento al Gobierno de Su Majestad para comenzar una discusión acerca de la posibilidad de un perdón a todos los hombres, vivos o fallecidos, quienes como Alan Turing, fueron condenados. Depende de los jóvenes líderes de hoy, incluidos los duques de Cambridge, reconocer esa mancha en nuestra historia y no permitir que se mantenga. La petición de disculpas y perdón a Alan Turing es bienvenida, pero ignora a los 49.000 hombres que fueron condenados en virtud de la misma ley, muchos de los cuales se suicidaron”.  El escrito ha recibido el apoyo de 90.000 firmas y en cuanto a la respuesta de los duques, no se ha hecho de esperar. Según informa  el diario «The Independent«,  los duques se han negado a apoyar la iniciativa y a través de un  portavoz de la pareja, han manifestado que eso era «un asunto de gobierno con el que no tenían nada que ver».
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¡Bravo, felicidades pareja!  Por lo visto el segundo en la línea sucesoria al trono de Inglaterra y por lo tanto a la jefatura del Estado y su consorte, “no tienen nada que ver” con la ignominia sufrida por casi 50.000 ciudadanos, no tienen nada que ver con la opción de prisión o castración química que se les ofrecía a los condenados, no tienen nada que ver con los suicidios, con las humillaciones. No sólo no se dignan a pedir perdón, sino que ni siquiera aceptan restablecer su dignidad perdonándolos ellos y reconociendo el error y el abuso cometido. ¡De vergüenza ajena, vamos!
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A lo mejor es que el duque piensa que sus salidas de tono juveniles sí eran merecedoras de perdón. Porque es lo que tiene ser un personaje público, que las hemerotecas guardan constancia de quién se ha sido y de lo que se ha hecho. Cualquiera puede volver a leer los excesos de William y su hermano Harry, las juergas, las infidelidades, los vicios, las peleas y las frases fuera de tono de los enfants terribles de la realeza británica. Como tomar prestado un helicóptero Chinook de la Real Fuerza Aérea el día en que se graduó de piloto para volar desde Lincolnshire hasta el Palacio de Buckingham, recoger a su hermano Harry y seguir hasta la isla de Wight, para celebrar la despedida de soltero de su primo Peter Phillips. La prensa londinense contó que la juerga tuvo 24 invitados y duró dos días en el hotel Anchor Inn. Un testigo refería al “Times”:  “Todo se tornó muy sórdido, los solteros hicieron el concurso de la que bebiera más cerveza boca arriba a través de un embudo, Harry les gritaba  “¡Imagínate que es un graaan pene!”. Después, unos amigos le bajaron los pantalones a William para que otro le tomara una foto mientras las chicas comentaban que estaba muy bien dotado”.

Muy edificante todo, muy de dar ejemplo, muy de niños pijos mantenidos por una sociedad a la que marginan y desprecian.
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Los historiadores calculan que la aportación de Alan Turing al descifrar los mensajes alemanes, acortó la II Guerra Mundial en dos años y salvó la vida de 14 millones de personas. Las comparaciones son odiosas, pero es que sólo se esperaba de su azulísima sangre que se dignara a pedir perdón, a conceder perdón. Ha conseguido llevarse las tres “i”, indigno, infame e inmoral.

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