Dolores Vázquez denuncia que no ha recibido ninguna indemnización tras 25 años del mayor error judicial atravesado por la lesbofobia
Dolores Vázquez ha vuelto al foco público este lunes con motivo del Día Internacional de la Visibilidad Lésbica, en un acto cargado de simbolismo pero también de cuentas pendientes. La mujer que fue injustamente condenada por el asesinato de Rocío Wanninkhof ha recibido la Medalla a la Promoción de los Valores de Igualdad, un reconocimiento institucional que llega casi 26 años después de los hechos. Sin embargo, Vázquez ha sido clara al señalar que este gesto no ha ido acompañado de una reparación económica: “Es verdad que no me han compensado en nada económicamente, ni los 120.000 euros que habían dicho que me habían pagado”.
Durante su intervención ante los medios, Vázquez ha afirmado que el paso del tiempo le ha permitido reconstruirse: “Me siento una persona distinta, sin olvidar, pero lo llevo mejor”. La entrega de la medalla supone el primer reconocimiento estatal tras décadas marcadas por el estigma, el silencio y el dolor, pero también ha servido para visibilizar una deuda que sigue abierta.
Lesbofobia
El caso Wanninkhof se convirtió en uno de los mayores errores judiciales de la historia reciente en España, profundamente atravesado por prejuicios lesbófobos. Vázquez fue detenida en el año 2000, señalada como culpable sin pruebas concluyentes y sometida a un juicio mediático feroz. “Me sentía como un mono de feria”, ha recordado ahora, aludiendo a la presión constante de cámaras y a una exposición pública que le generó “miedo” y “ansiedad”. Pasó 519 días en prisión siendo inocente, hasta que en 2003 se demostró que el verdadero autor del crimen. Fue absuelta de los cargos tras la aparición de pruebas que condenaron por el asesinato de Rocío Wanninkhof a Tony Alexander King, después de que el ciudadano británico fuera detenido por abusar sexualmente y asesinar a la joven de 17 años Sonia Carabantes el 14 de agosto de 2003 en Coín (Málaga).
Las consecuencias de aquella condena injusta han marcado toda su vida. Vázquez ha relatado que durante años no pudo salir a la calle ni realizar gestiones básicas como apuntarse al desempleo. “No tengo pensión”, ha explicado, señalando que le faltaron años de cotización debido a aquel periodo. Su vida profesional quedó truncada y se vio obligada a marcharse al Reino Unido para intentar rehacer su vida lejos del estigma social que la perseguía.
Reparación insuficiente
A nivel emocional, el impacto fue devastador. Tras salir de prisión, vivió una etapa de profunda ira y sufrimiento que solo pudo superar con apoyo psicológico y el acompañamiento de su familia. “Salí muy enfadada con el mundo”, ha reconocido, recordando especialmente el papel de sus hermanas: “¿Quién me aguantaba en casa? Eran mis hermanas”. Con el tiempo, ha conseguido transformar ese dolor: “Hace muchos años que he perdonado porque comprendí que estar enfadada con el mundo no era yo”.
Pese a ese proceso personal, Vázquez insiste en que la reparación institucional sigue siendo insuficiente. Ha agradecido el gesto del Ayuntamiento de Betanzos, que fue el primero en pedirle disculpas públicamente, pero reclama que ese reconocimiento se extienda al conjunto de la sociedad, los medios y el Estado. “Pienso que sí, que merezco una indemnización, pero no depende de mí”, ha señalado. Y ha concluido con una apelación directa: “Es el Gobierno el que tiene que decidir. Y yo creo que con buena fe todo es posible”.











