Transexualidades visibles

EDITORIAL.- Hoy, 31 de marzo, se celebra el Día de la visibilidad Transexual y, más allá de los planteamientos reivindicativos, la sensación que tenemos al intentar penetrar la realidad transexual es la de que somos tremendamente ignorantes. Nos sentimos como Alicia al caer en la madriguera del conejo, descubrimos que hay un mundo diverso, complejo, enigmático y oculto y que ese mundo no está más allá del espejo, sino que convive con nosotr@s, y comparte nuestro día a día.  Y no sólo lo desconocemos casi todo sobre su realidad, sino que además nos permitimos el lujo, como sociedad, de marginar, clasificar, etiquetar y hacer gestos simbólicos, cambiar algo para que en el fondo no cambie nada.

Si bien es cierto que en los últimos tiempos se ha empezado a hablar del tema, a reconocer públicamente la necesidad de legislar, de despatologizar, de proteger especialmente a los menores transexuales, no es menos cierto que estamos en mantillas, que no sabemos casi nada sobre el cómo y el porqué. Reivindicamos el derecho a la reasignación de sexo ignorando que no tod@s los implicad@s desearían reasignarse. Porque como afirma David Tello, presidente de la asociación Chrysallis en Catalunya, “hay niñas con pene y niños con vulva” y quizá no quieran cambiar eso, sino que sencillamente quieran de adultotransexualitats ser quienes son.

El hecho de que personajes famosos como las actuales hermanas Wachowski o quién fuera Bruce Jenner hoy convertida en Caitlyin Jenner hayan hecho pública su transexualidad, nos puede llevar al engaño de simplificar una realidad infinitamente más rica y compleja y al final anclarnos en el concepto binario que impera en la sociedad: o eres hombre o eres mujer y si eres una persona transexual serás un hombre en un cuerpo de mujer o viceversa. Error. Por supuesto que habrá casos que sean así, pero esa es tan sólo la punta del iceberg.

Los avances de los años sesenta en cirugía plástica sumados a las teorías de John Money, que brindó una coartada pseudocientífica a la cirugía correctiva al afirmar que la identidad de género se basaba en la suma “genitales crianza”, destrozaron la vida de miles de personas. Cuando un bebé al nacer poseía unos genitales poco definidos o contradictorios con su cromosoma, la cirugía correctiva brindaba “la solución” milagrosa. Pero la naturaleza del individuo al madurar no siempre estaba en concordancia con esa asignación arbitraria y ya era tarde para volver atrás. Un alto porcentaje de operaciones correctoras eliminaban  penes poco desarrollados dejando unos genitales femeninos, después intentaban educar a la criatura como a una niña cuando muchas veces resultaba ser un niño.

Resumiendo, no sabemos nada, pero nuestra ignorancia y nuestra falta de certidumbre es nuestra mayor riqueza. Debemos intentar saber más, entender mejor y mientras limitarnos a lo más básico: erradicar definitivamente las intervenciones correctivas al nacer y avanzar en los derechos, el reconocimiento y la integración de los menores transexuales. Entender en definitiva que la transexualidad tampoco es binaria y empezar a visibilizar las diversas transexualidades.

Editorial Gayles.tv
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